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ENTRANDO EN ORGAZ

Imagina que las piedras se alían, como en un sueño de embriaguez... Y nuestros arcos, tan transitados, el Castillo, incluso la Iglesia se muestran no sólo protectores sino anfitriones...

Ahora deja de imaginar. Nos reciben desde la distancia y desde -siempre- (hoy a nosotros, ayer a las generaciones anteriores). Al acercarnos a Orgaz distinguimos nuestros
dos grandes monumentos y con ello sabemos que estamos cerda del hogar.

A veces, cuando estamos algo perdidos en nuestras propias vidas, éstos se erigen más alto de lo normal, ascienden, ascienden y lucen hasta convertirse en verdaderos faros. Para guiarnos. Decirnos que no nos preocupemos o que lloremos tranquilos. Para que aprendamos que no estamos solos si estamos cerca de ellos, eso significa que estamos en casa. Que volvemos a pasar por sus arcos...


© 2009

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